Muchos creyentes sinceros consideran que los Derechos Humanos Universales, promovidos por la ONU, son una amenaza a la fe cristiana o una creación contraria a los principios bíblicos. Por otro lado, el mundo secular insiste en que la religión —y particularmente el cristianismo— debe mantenerse al margen de toda discusión sobre la vida social, política o jurídica.
He escrito un libro sobre este asunto, en el cual presento una defensa bíblica y razonada frente a la manipulación de los derechos humanos por ideologías que los utilizan para justificar el aborto, la inmoralidad sexual o el relativismo ético. No podemos permitir que se distorsione un concepto que originalmente surge del valor que Dios dio al ser humano.
Vivimos tiempos en que lo sagrado ha sido reemplazado por lo superficial: la Navidad por un personaje comercial, la Pascua por un conejo, la Reforma por la exaltación de la oscuridad. Del mismo modo, los derechos humanos corren el riesgo de ser despojados de su raíz espiritual.
Por eso he escribo ese libro: para recordar que los derechos humanos solo pueden entenderse plenamente cuando reconocemos al Autor de la vida como su fuente y garantía suprema.
No podemos callar cuando se utilizan los derechos humanos para violentar la moral, justificar la injusticia o legitimar lo que Dios ha declarado contrario a su voluntad.
invitar al lector a reflexionar, con fundamento en la Palabra de Dios, sobre el verdadero origen, sentido y propósito de los derechos humanos,
recordando que la dignidad del ser humano no proviene del Estado ni de acuerdos internacionales, sino del Creador mismo.
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