Hoy continuamos nuestro camino de los 21 Días de Oración y Ayuno reflexionando sobre el corazón del mensaje cristiano: la salvación por la gracia de Dios.
El sacrificio de Jesucristo en la cruz no fue un acto simbólico, sino el precio eterno pagado para rescatarnos del pecado, restaurarnos con el Padre y darnos una esperanza viva.
Este mensaje nos recuerda que no somos salvos por méritos humanos, ni por esfuerzos religiosos, sino por el amor inmerecido de Dios manifestado en Cristo. La cruz es la mayor evidencia de la misericordia divina y la base segura de nuestra fe.
Te invito a escuchar el episodio de hoy y permitir que esta verdad fortalezca tu fe y renueve tu compromiso con Cristo.
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El sacrificio de Cristo como fundamento de la salvación
El corazón del mensaje bíblico son las Buenas Nuevas de la salvación de Dios, las cuales recibimos únicamente por gracia, mediante la fe, en el Señor Jesucristo resucitado y en su muerte expiatoria en lacruz por nuestros pecados. La salvación es, en esencia, Buena Noticia. Es el anuncio del amor, la misericordia y el perdón de Dios. Es la proclamación de que hemos sido adoptados en su familia, que ahora tenemos comunión con su pueblo y que hemos sido liberados del poder del pecado. Al recibir la salvación, también recibimos el propósito y la dirección de Dios para nuestras vidas.Una vez que hemos sido salvados, tenemos el privilegio de servirle, lo cual da significado incluso a las tareas más sencillas. Además, vivimos con la bendita esperanza del regreso de Cristo y con la expectativa del cumplimiento de su oración:
“Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10, NVI).
Los cristianos evangélicos afirmamos que la salvación es gratuita, pero su costo fue infinito. No hacemos nada para obtenerla, porque Cristo lo hizo todo en la cruz. Estas bendiciones no se otorgan por mérito humano alguno, sino que son dadas gratuitamente por la gracia de Dios. La gracia se manifiesta como el favor inmerecido que Dios concede al ser humano, aun cuando no lo merece.
Uno de los pasajes más claros sobre la gracia es Efesios 2:1–10, donde se describe ampliamente cómo Dios manifestó su gracia a favor del hombre. El creyente ha sido redimido, como lo afirma la Escritura:
“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como deun cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18–19).
La palabra redimido implica que una compra ha sido realizada y un precio ha sido pagado. Fuimos comprados, y Cristo pagó ese precio con su propia vida. Para que un creyente perdiera la salvación, Dios tendría que revocar una compra sellada con la preciosa sangre de su Hijo. Finalmente, la vida eterna es la promesa de vivir para siempre en comunión con Dios. La invitación divina es clara y sencilla: cree, y tendrás vida eterna.
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