Día 4- 21 DÍAS DE ORACIÓN Y AYUNO | PODCAST

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Vivimos en una época donde el conocimiento bíblico es abundante, pero la verdadera convicción espiritual es cada vez más escasa. Muchos conocen la Palabra, saben lo que la Escritura enseña sobre el pecado y sus consecuencias, pero continúan viviendo de la misma manera. Esto revela una realidad profunda: información no es lo mismo que convicción.

Jesús declaró con claridad:

“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado” (Juan 16:8).

La obra del Espíritu Santo no se limita a iluminar la mente, sino a quebrantar el corazón. La convicción que Él produce no es simplemente aceptar doctrinas correctas, sino experimentar un rechazo real al pecado al contemplar la santidad y la pureza de Dios. Cuando vemos a Dios como Él es, el pecado deja de parecernos pequeño.

Te invito a escuchar el episodio completo de hoy

En el podcast de hoy profundizamos en esta obra esencial del Espíritu Santo y en cómo esta convicción transforma nuestras vidas, nuestros hogares y nuestra relación con Dios.

Escúchalo aquí:

El Espíritu Santo convence de pecado y guía a la verdad

La Escritura nos enseña que el Espíritu Santo tiene una obra fundamental en el corazón humano:

“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado” (Juan 16:8).

Esta convicción no es simplemente conocimiento intelectual acerca del bien y del mal, ni un acuerdo teórico con las enseñanzas bíblicas sobre el pecado. Muchas personas conocen la Palabra, saben que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), reconocen que “ningún fornicario, ni inmundo, ni avaro… tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5:5), e incluso aceptan que “los malos serán trasladados al Seol”

. Sin embargo, a pesar de todo este conocimiento, continúan viviendo en pecado. Comprenden las consecuencias, pero están lejos de haber sido convencidos. Y ante esta realidad, es urgente que nos humillemos delante de Dios y clamemos por misericordia a favor de nuestros familiares y seres queridos, para que el Espíritu Santo toque sus corazones y los lleve a una conversión genuina. Tener convicción es mucho más que información: es sentir un profundo rechazo al pecado. Esto ocurre cuando hemos contemplado la belleza de Dios, su pureza y su santidad, y comprendemos que el pecado no puede habitar en su presencia: 

“Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a ti” (Salmo 5:4).

Cuando Isaías estuvo en la presencia del Señor, fue inmediatamente quebrantado por la conciencia de su propia condición: “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios… han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:5).

La convicción produce espanto, temor santo y repulsión frente al pecado. Es la actitud de José cuando huyó de la tentación diciendo: “¿Cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9).

Somos verdaderamente convencidos cuando entendemos cuán profundamente deshonramos a Dios con nuestro pecado. Cuando el Espíritu Santo confrontó a David, él clamó: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51:4). David comprendió que su pecado no era solo un error humano, sino una ofensa directa contra un Dios santo. Esa es la obra del Espíritu Santo: llevar al corazón humano a ver el pecado como Dios lo ve, y conducirlo al arrepentimiento que produce vida.

En la sección Recursos en descargas puede obtener la guía de los 21 días de Oración y Ayuno

Si este mensaje ha hablado a tu corazón, no te lo quedes solo para ti. Compártelo. Tal vez alguien cercano a ti está necesitando hoy mismo esta palabra de parte de Dios.

El Espíritu Santo sigue obrando, convenciendo, restaurando y guiando a la verdad.

Ayúdame a que este mensaje alcance más vidas, más familias y más corazones.

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