Día 8 – – 21 DÍAS DE ORACIÓN Y AYUNO | PODCAST

Comparte este artículo

Hoy te invito a unirte a un tiempo de reflexión y oración por aquellos que más amamos:
nuestros padres, hijos, hermanos y seres queridos que hoy caminan lejos del Señor.

En este episodio hablamos del poder de la intercesión perseverante, ese clamor que no se rinde, que cree, que espera y que confía en que ningún familiar está fuera del alcance de la gracia de Dios.

Si hoy cargas en tu corazón el nombre de alguien que amas y que necesita volver a Dios, este mensaje es para ti.
Escúchalo, ora con nosotros y permite que el Espíritu Santo fortalezca tu fe.

 Dios sigue obrando.
Tu clamor no es en vano.

🎧 Escucha el podcast y comparte este mensaje con alguien que lo necesite:

Guías descargables: 21 dias de Oración y Ayuno

El llamado de Dios es claro:

Entre ese “todos” se encuentran nuestros padres, hijos, hermanos y seres queridos que hoy caminan lejos del Señor. No son solo nombres en una lista: son personas que amamos, por quienes Cristo murió y cuya condición espiritual pesa profundamente en nuestro corazón. El apóstol Pablo expresó ese mismo clamor cuando dijo: 

Ese debe ser también nuestro anhelo en estos días: que ninguno de nuestros familiares permanezca lejos de Dios.

La intercesión no es un acto simbólico; es una fuerza espiritual que transforma realidades. La Biblia nos muestra a Job intercediendo diariamente por sus hijos, presentando sacrificios delante de Dios por cada uno de ellos, temiendo que su corazón se apartara del Señor (Job 1:5). Vemos también a Abraham clamando por su sobrino Lot, y ese clamor abrió camino para que Dios lo rescatara de Sodoma (Génesis 18–19).

Así actúa Dios ante la intercesión: abre puertas, activa Su misericordia y crea oportunidades de salvación.

Clamar no es solo pedir; es insistir con fe.

Cuando clamamos, el Espíritu Santo obra en lo invisible: convence de pecado, despierta las conciencias y atrae los corazones hacia Cristo (Juan 16:8). Aunque no veamos cambios inmediatos, Dios es real, está germinando, y está obrando. Por eso clamamos con fe, sin dudar (Santiago 1:6).

Clamamos afirmándonos en el versículo: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa” (Hechos 16:31). Es por ello que debemos clamar con perseverancia, sin rendirnos, aun cuando la respuesta parezca tardar. Porque ninguna oración hecha con fe se pierde, y ningún familiar está fuera del alcance de la gracia de Dios.


Comparte este artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *