Misericordia y justicia: el equilibrio olvidado del carácter de Dios (Salmo 56)

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Hay algo que he notado con los años en la vida pastoral y en la conversación cristiana contemporánea:
muchos creyentes han perdido el equilibrio bíblico del carácter de Dios.

Algunos imaginan a Dios como un Juez permanentemente irritado, listo para castigar el más mínimo error.
Otros, en el extremo contrario, lo han reducido a una figura sentimental que nunca confronta el pecado ni ejecuta justicia.

Ambas ideas son caricaturas.

Cuando uno vuelve al Libro de los Salmos 56, escrito por David, descubre algo mucho más profundo, más real… y más sano para el alma:
un Dios misericordioso con sus hijos y justo frente al mal.

No uno u otro, es los dos.

El salmo comienza con un clamor:

“Ten piedad de mí, oh Dios…”

David no cuestiona si Dios es piadoso. Eso ya lo sabe. Lo que pide es que esa misericordia se vuelva experiencia concreta. Es la oración de alguien que dice:
“Señor, sé conmigo lo que tú ya eres.”

No niega el miedo, en esas circunsias y sentimiento real decide dónde apoyarse:

“En el día que temo, yo en ti confío.”

David no solo pide misericordia, apela al juicio divino, esto es un detalle que muchos hoy prefieren ignorar. David no está pidiendo venganza personal.
Está entregando el caso al Juez supremo. (Versículo siete)

¡En tu enojo, Dios mío, humilla a esos pueblos por sus maldades! ¡De ningún modo los dejes escapar! 

Cuando dejamos la justicia en manos de Dios, evitamos la amargura y la violencia.

Una importante observación: En la Biblia, el “enojo” de Dios NO es mal genio, NO es pérdida de control, NO es explosión emocional. El enojo de Dios es su justicia reaccionando contra el mal.

Si Dios no se indignara contra: la violencia, la injusticia, la opresión, la maldad,  entonces no sería santo ni justo. Sería indiferente. Y un Dios indiferente sería terrible.

 El salmista no pide venganza personal, pide justicia divina.

Hoy muchos cristianos se sienten incómodos orando por justicia.Creen que pedir que Dios intervenga como Juez es “falta de amor”.

Pero la Biblia nunca enseña eso.Los Salmos están llenos de oraciones como:“Defiéndeme.”“Júzgame.”“Haz justicia.”Porque cuando alguien sufre opresión, clamar por justicia no es dureza…es confianza en el carácter recto de Dios.

El Salmo 56 nos enseña a orar de las dos maneras: Señor, ten misericordia de mí.
y también Señor, haz justicia frente al mal.

Dependemos de su gracia para vivir.
Dependemos de su justicia para que el mal no triunfe.

Este no es un salmo de desesperación, es un salmo de confianza aprendida en medio del peligro.

El Salmista evidencia que hay presión real: enemigos, persecución, amenaza constante, pero el Sabe que Dios esta con él:

confío en Dios y no siento miedo ¿Qué puede hacerme un simple mortal? Cuando yo te pida ayuda, mis enemigos retrocederán. confío en Dios y no siento miedo.

La fe no es ausencia de temor, es decidir dónde apoyarse cuando el temor llega, No adora porque ya salió del problema, adora porque confía en quién lo sostiene dentro del problema.


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