Dia 11 – 21 DÍAS DE ORACIÓN Y AYUNO | PODCAST

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Pensar en personas que amamos y que aún no conocen a Cristo produce en nosotros una mezcla de esperanza, dolor y una carga espiritual difícil de describir. El anhelo de verlos rendirse al Señor, libres del pecado y reconciliados con Dios, es una de las experiencias más intensas de la vida cristiana.

En el episodio de hoy reflexionamos sobre esta realidad: cómo perseverar en la intercesión cuando no vemos resultados inmediatos, cómo confiar en la soberanía de Dios cuando el proceso parece largo, y cómo descansar en Su fidelidad aun cuando todo parece silencioso. La Escritura nos recuerda una verdad que debe sostener nuestra fe:

Este mensaje es para ti si tienes uno o varios amigos por quienes estás orando, si te has cansado de esperar, si has sentido el peso de la incertidumbre o si necesitas renovar tu esperanza. Hoy somos llamados a no rendirnos, a seguir clamando, a seguir creyendo, sabiendo que Dios obra incluso cuando no lo percibimos.

Te invito a escuchar el episodio completo y permitir que esta enseñanza fortalezca tu fe y renueve tu compromiso de intercesión.

🎙 Escucha el podcast aquí:

Guías descargable: 21 días de Oración y Ayuno

Clamar por la salvación de amistades cercanas

Como cristianos, pocas alegrías se comparan con la esperanza de reencontrarnos en la eternidad con aquellos que amamos y que fueron salvos por la gracia de Dios. ¡Qué glorioso día será cuando estemos juntos en la eternidad! 

Sin embargo, esa esperanza también se mezcla con una carga profunda cuando pensamos en amigos cercanos que aún no conocen a Cristo. Es natural que el creyente anhele la salvación de sus amistades. Sin embargo, muchas veces ese deseo no coincide con la realidad que vivimos aquí en la tierra. Hemos visto a personas que amamos rechazar con dureza el consejo de Dios. Hemos sentido el dolor de observar cómo el pecado aprisiona sus vidas y cómo sus decisiones los conducen por caminos de destrucción.

En esos momentos, el corazón se llena de preguntas: 

Algunos incluso cargan con la culpa de haber perdido a un ser querido sin haber visto su salvación. Esa herida es profunda, pero aun en medio de ese dolor, nuestra esperanza descansa en Dios.

A veces la salvación llega de manera repentina, en un instante. Otras veces parece un proceso interminable, casi imposible. Pero nuestra confianza no está en las circunstancias, sino en el amor y la compasión inagotables del Señor.

Por eso seguimos intercediendo, aun cuando todo parece silencioso.

Debemos permitir que esta verdad gobierne nuestro corazón: Dios no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Por eso, hoy somos llamados a perseverar. Ore por sus amigos no salvos. Llámalos por su nombre delante de

Dios. Sea específico en sus peticiones. No se rindas. No se canses. Aunque parezca que no ocurre nada, aunque incluso vea a esa persona hundirse más en el pecado, Dios sigue obrando en lo invisible. Recuerda siempre que Dios es fiel. Aprende a descansar en Su soberanía. El cómo y el cuándo Él responde están en Sus manos perfectas. Nuestra parte es seguir clamando, seguir creyendo y seguir esperando, con la certeza de que el Señor está trabajando en los corazones y en las mentes de aquellos por quienes oramos.

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