La salvación de nuestros hijos es urgente.
Sus necesidades espirituales son infinitamente más importantes que cualquier necesidad material.
Nuestros hijos necesitan oración —oración ferviente, persistente y nacida de corazones encendidos— tanto para su arrepentimiento inicial y encuentro con Cristo, como para su crecimiento y perseverancia en la vida cristiana.
La Escritura nos revela una realidad espiritual que no podemos ignorar.
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Que este clamor se levante en muchos hogares.
Clamar por la salvación de hijos y jóvenes
La salvación de nuestros hijos es urgente. Sus necesidades espirituales son infinitamente más importantes que sus necesidades físicas. Ellos necesitan nuestras oraciones —oraciones fervientes, nacidas de corazones encendidos— tanto para su arrepentimiento inicial y su encuentro con Cristo por la fe, como para su crecimiento y perseverancia continua en la vida cristiana. El evangelio de Marcos nos presenta una historia que revela una realidad espiritual profunda: la opresión demoníaca puede manifestarse desde temprana edad. Allí encontramos a un niño poseído por un espíritu maligno y a un padre desesperado por su bienestar:
“¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?” —le preguntó Jesús al padre. “Desde que era niño” respondió él (Marcos 9:21).
Asimismo, en Mateo 15:21–22 se nos narra el clamor de una madre con la misma angustia: su hija estaba gravemente atormentada por un demonio. Desesperada, recurre a Jesús con fe y humildad:
“¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”
Esta historia es crucial. Aún no había llegado el tiempo de la manifestación plena del evangelio a los gentiles, y aquella mujer fue inicialmente rechazada. Sin embargo, lejos de rendirse, ella perseveró, se humilló y clamó por misericordia con fe. Esa debe ser nuestra actitud delante de Dios: no desde una posición de derecho o exigencia, sino desde una postura de humildad, dependencia y súplica sincera.
Debemos preguntarnos con honestidad:
¿Conocemos el estado espiritual de nuestros hijos?
¿Conocemos sus luchas, sus opresiones y sus batallas interiores?
El libro de Lamentaciones levanta un llamado urgente a los padres y a toda la comunidad: orar fervientemente, sin descanso, derramando el corazón delante de Dios en favor de los hijos, especialmente en tiempos de angustia, crisis y necesidad:
“Levántate, clama de noche… derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor;
alza tus manos hacia Él por la vida de tus hijos”
(Lamentaciones 2:19).
Hoy, como padres, como iglesia y como intercesores, levantamos este clamor delante de Dios. Porque no hay batalla más importante que la salvación de nuestros hijos y de las nuevas generaciones.
Guías descargables: 21 dias de Oración y Ayuno

