El relativismo ético de nuestra época no se detiene en el aborto o la eutanasia: también ha llegado a redefinir algo tan fundamental como lo que significa ser hombre o ser mujer, y qué relaciones son moralmente legítimas. Frente a esta redefinición, la fe cristiana no ofrece una opinión más entre muchas: ofrece una verdad revelada desde el principio de la creación.
Varón y hembra los creó
El fundamento bíblico de la identidad sexual está en el primer capítulo de las Escrituras: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» ( Génesis 1:27). Génesis 5:2 lo reafirma: «Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados.» La identidad sexual, según la Escritura, no es una etiqueta social impuesta después del nacimiento, sino una realidad ordenada por Dios desde la creación misma.
El cuerpo no es un accidente
La ideología de género contemporánea separa la «identidad de género» (lo que la persona siente ser) del sexo biológico, tratando a este último como un dato arbitrario que puede corregirse. La fe cristiana rechaza esa separación: el cuerpo no es ajeno a la identidad de la persona, es parte del diseño de Dios. El salmista lo expresa con asombro ante su propia formación en el vientre (Sal 139:14). Rechazar el cuerpo con el que Dios nos formó no es liberación: es desconocer el diseño del Creador.
Lo que dice la Escritura sobre la homosexualidad
Dentro de esta discusión sobre la identidad sexual, un tema que no puede evadirse es el de la práctica homosexual. La tradición bíblica evangélica ha entendido consistentemente esta conducta como una desviación de la voluntad revelada de Dios¹. El Antiguo Testamento la condena explícitamente dentro del contexto de las prácticas paganas que Israel debía evitar (Levitico18:22; 20:13), y el Nuevo Testamento mantiene esa misma postura: Pablo la incluye entre las consecuencias de una humanidad que cambió la verdad de Dios por la mentira (Romanos 1:26-27), y la enumera junto a otras conductas que quedan fuera del reino de Dios (1 Corintios 6:9-10; 1 Timoteo 1:9-10)².
Es importante añadir matices que la teología pastoral reconoce: existe diversidad de perspectivas sobre el origen de estas atracciones. Algunos estudios señalan que, particularmente en el caso femenino, la atracción hacia el mismo sexo puede surgir de heridas relacionales —una cercanía emocional que, tras experiencias de dolor o ruptura, se redefine en términos sexuales³. Otros análisis pastorales apuntan a un abanico más amplio de factores: rechazo de la propia identidad sexual, heridas de abuso, dinámicas familiares complejas, e incluso dimensiones espirituales que algunas corrientes evangélicas identifican como ataduras a romper⁴. Sea cual sea el origen particular en cada historia personal, la convicción bíblica no cambia: la práctica homosexual no refleja el diseño original de Dios para la sexualidad humana.
Las iglesias evangélicas latinoamericanas han sostenido mayoritariamente este rechazo bíblico a la práctica homosexual como pecado, aunque muchas han desarrollado también espacios pastorales de acompañamiento, restauración y sanidad para quienes buscan salir de esa vivencia⁵.
Implicaciones legales y educativas
Esta discusión no se queda en el plano personal: hoy se traduce en leyes y políticas educativas que buscan imponer la ideología de género como marco normativo, muchas veces sin el consentimiento pleno de los padres. En diversos países se han promovido reformas curriculares que introducen la «identidad de género» desde edades tempranas, y leyes que sancionan la expresión de convicciones religiosas sobre el tema como «discurso de odio». El creyente informado debe estar atento a estas reformas, no para imponer su fe por la fuerza legal, sino para defender su derecho constitucional a educar a sus hijos conforme a sus convicciones.
Compasión sin ceder la verdad
Sostener la enseñanza bíblica sobre la sexualidad no equivale a tratar con desprecio a quienes luchan con estas atracciones o con su identidad de género. La iglesia está llamada a acompañar con compasión genuina a toda persona, sin excepción. Pero acompañar no es lo mismo que afirmar como verdad lo que la Escritura no afirma. Se puede amar a la persona sin validar cada narrativa que la cultura propone sobre su identidad o sus deseos.
Una verdad que no cambia con la cultura
Frente a un mundo que redefine constantemente lo que significa ser humano, hombre o mujer, la fe cristiana sostiene una convicción que no depende de tendencias culturales ni de leyes pasajeras: fuimos creados varón y hembra, a imagen de Dios, y esa identidad —junto con el diseño de la sexualidad que la acompaña— no es una imposición social, sino un regalo del Creador que merece ser recibido, no rediseñado.
Adán Ezequiel Mejía
Teólogo
¹ Pablo A. Deiros, «Prefacio a la Edición Electrónica», en Diccionario Hispano-Americano de la Misión (Bellingham, WA: Logos Research Systems, 2006).
² Ibíd.
³ David Powlison, «Hacer todas las cosas nuevas: la restauración del gozo verdadero para los heridos a nivel sexual», en Sexo y la Supremacía de Cristo (Bogotá: Centro de Literatura Cristiana, 2013), 117.
⁴ Guillermo Maldonado, Liberación sobrenatural: Libertad para tu alma, mente y emociones (New Kensington, PA: Whitaker House, 2016).
⁵ Deiros, «Prefacio a la Edición Electrónica».

El diseño binario de la creación
- Génesis 1:27 — «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.»
- Génesis 5:2 — «Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán.»
- Génesis 2:18, 21-24 — Dios forma a la mujer del varón y establece la complementariedad como diseño original («una sola carne»).
- Malaquías 2:15 — Dios hizo uno solo, con abundancia de espíritu, buscando una descendencia para Dios (unidad de propósito en la pareja).
- Mateo 19:4-6 — Jesús mismo reafirma: «¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?»
El cuerpo como parte del diseño de Dios
- Salmo 139:13-14 — «Tú formaste mis entrañas… te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras.»
- 1 Corintios 6:19-20 — El cuerpo es templo del Espíritu Santo; fueron comprados por precio.
- 1 Corintios 6:13 — El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor.
- Romanos 12:1 — Presentar el cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.
Sobre la práctica homosexual
- Levítico 18:22 — «No te echarás con varón como con mujer; es abominación.»
- Levítico 20:13 — Pena establecida en la ley mosaica para esta práctica dentro del código de santidad de Israel.
- Romanos 1:26-27 — Mujeres y hombres que cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza.
- 1 Corintios 6:9-10 — Los que practican estas conductas no heredarán el reino de Dios (dentro de una lista más amplia de pecados).
- 1 Timoteo 1:9-10 — La ley está puesta para los que practican estas conductas, junto a otras enumeradas como contrarias a la sana doctrina.
- Judas 7 — Sodoma y Gomorra como ejemplo de juicio por ir en pos de «vicios contra naturaleza.»
Restauración y esperanza (no solo condena)
- 1 Corintios 6:11 — «Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados… santificados… justificados.»
- 2 Corintios 5:17 — «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es.»
- Juan 8:11 — «Ni yo te condeno; vete, y no peques más» (el balance entre gracia y llamado al cambio).
- Isaías 1:18 — «Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos.»
Identidad que no depende del sentir sino del Creador
- Jeremías 17:9 — «Engañoso es el corazón más que todas las cosas.»
- Proverbios 3:5 — No apoyarse en la propia prudencia.
- Efesios 2:10 — Somos hechura de Dios, creados para buenas obras que Él preparó de antemano (identidad recibida, no autoconstruida).

